lunes, 18 de febrero de 2008

Política de DDHH

La discusión acerca de lo que llamamos "derechos humanos" no da cuenta de una u otra política o estrategia, o sobre uno u otro gobierno respecto de esta problemática. El gran problema de los derechos humanos en nuestro país es que no ha existido nunca una política para enfrentar estos casos desde el Gobierno de Chile; más aún, siempre se ha improvisado con mejores o peores resultados dependiendo de los gobernantes de turno (han habido aciertos como Informe Rettig, Mesa de Diálogo e Informe Valech). Hoy vemos cómo esa carencia de una posición fuerte y clara desde el Estado hace aguas frente a un caso, o conjunto de casos complejos, como son los de la efervescencia en las FFAA por los juicios contra generales en servicio activo y participación de quienes hoy detentan puestos de poder en los hechos de violencia de la dictadura y unidad popular. La clave para salir de este entuerto es el sinceramiento completo de los hechos o la búsqueda de acuerdos nacionales que zanjen desde los principios del derecho internacional un camino a seguir en materia de reconstrucción y protección de la memoria histórica, el sometimiento de civiles y militares a las leyes que sancionan los delitos lesa humanidad y la restricción de la ley para que no se trasforme en un instrumento sólo de venganza que engendrará, como ya lo hace, odio, revancha y latidos de nueva muerte. Tomar uno u otro camino significa enfrentar costos altos y pocos beneficios directos pero, la labor de gobernar tiene estas cargas que como el estoicismo enmarca, son la base de pasar a la historia o hacer que un pueblo pase a la historia.

Néstor Morales T.
Director Ejecutivo Observatorio DDHH

martes, 12 de febrero de 2008

Renuncia de Geneal Santelices


Las declaraciones realizadas a propósito de su renuncia al Ejército por parte del General (R) Santelices en las que reluce como justificación válida en un militar el miedo y la obediencia sólo por temor a la muerte dicen poco del honor militar, del que tanta gala hacía relucir hasta un día antes, más bien muestran a un ciudadano aterrorizado por una institución que no pareciera suya y que lejos de haberlo cobijado durante tantos años brindándole, pan, abrigo y honor aparece como un Leviatán desalmado y funesto con uniformados y civiles, generando sólo confusión en nosotros que creíamos que existían argumentos ideológicos que explicaban el abuso de la fuerza durante el régimen militar aunque los repudiáramos pensamos ellos creían en lo que hicieron, la versión de Sanelices habla de otro ejército de otra ideología, en esto quizás su educación militar falló pues debió haber leído, antes que a Jenofonte y su expedición, a Séneca observando, como se hiciera en este periódico hace algunos domingos atrás, que la dignidad de quien ejerce un cargo público consiste en adherir al deber que éste conlleva y no culpar una institución por actos que son al final del día, propios, es decir nos pertenecen sólo a nosotros mismos y de los cuales si la justicia del hombre no nos alcanza, srá que daremos cuenta de ellos ante un tribunal a la hora de la muerte.